¿Donde están las mujeres musulmanas?
¿Cómo podemos actualmente, hablar de reformismo y de renacimiento del Islam cuando justamente la mujer musulmana brilla por su ausencia en este supuesto debate? Durante todos esos últimos siglos el Islam impacta y sigue impactando el interlocutor por su intensa “masculinidad”. Cuando sabemos que esta masculinidad no es producto de la revelación sino de las diferentes culturas receptivas. ¿Porque todos los “Ulemas” son necesariamente masculinos? ¿Porque no hay —o mas bien no se habla— de las Sabias femeninas? ¿Estarán las mujeres incapaz de serlo cuando se destacan hoy en día, esa mismas mujeres, por sus logros en la medicina, la docencia, la economía?... Mientras en los primeros tiempos de la revelación, ellas estaban las depositarias de las tradiciones del profeta (SAS) y de las ciencias religiosas, hoy se le prohíbe acceder a los títulos religiosos.
¿No había dicho el profeta (SAS) mismo a sus compañeros que aprendiesen y profundizasen sus conocimientos con Aicha (radiaAllah alayha)? ¿Cuántas hay de esas mujeres cultas y ilustradas en materia de la religión que a lo largo de la historia musulmana han visto sus nombres y sus ideas borradas y rayadas o simplemente ignoradas por ilustres sabios hombres? ¿Por qué esta amnesia colectiva cuando se trata de la mujer en la historia del Islam? Por eso hay que ver lo que pasa en las televisiones árabes con los programas religiosos. Dentro de programas muy conocidos y muy apreciados —justamente por las mujeres practicantes— se proponen como ejemplo el hablar de la vida de todos los compañeros del profeta (SAS). Eso es fantástico pero, ¿donde están las compañeras (Essahabyates) del profeta? Es extraordinario ver como el Islam durante toda su historia ha podido revolucionar todas las condiciones de vida de los hombres, en todo los sectores: espiritual, económico, político... ¡Menos con este punto fatídico de las relaciones hombres-mujeres! El machismo era —y lo es todavía— la única estructura humana que ha resistido a los valores del Islam.
Hay algunas mujeres de cultura musulmana que podemos ver en ciertas ocasiones en los medios de comunicación o a través de sus libros, pero son siempre las mismas: son mujeres que hablan en el nombre de una emancipación femenina exclusivamente occidental. Ellas representan a una elite completamente desconectada de la realidad islámica y la mayoría de las mujeres musulmanas no se reconocen en el discurso de aquellas que el occidente presenta como su porta-voz. El público occidental les aplaude porque reconoce “su lenguaje”. Es lo que llamó justamente Gema Martín Muñoz: “El efecto espejo de la sociedades occidentales que tienden a identificar y dar credibilidad básicamente a aquellos actores de otras sociedades en los que su propia imagen se prolonga". Entonces ¿dónde están esas mujeres que van a defender sus derechos según las referencias musulmanas? ¿Dónde están las que van a hablar de la emancipación femenina islámica? ¿Por qué la mayoría de las mujeres que se vuelven practicantes y que se impliquen en el camino de la fe, lo hacen en un silencio mortal? Un silencio pesado como el de sus antepasados. Ellas siguen siendo las “rehenes de una memoria misógina”. Y eso conforta y confirma todos los dichos de nuestros observadores occidentales...
El gran desafío que espera a nuestras sociedades musulmanas hoy en día es este: Una nueva lectura del Islam hecha por las mujeres. Mujeres profundamente comprometidas con su fe, sus príncipes y su espiritualidad. Ellas deben reapropiarse este trabajo de memoria musulmana femenina y ocupar esta “ciudadela islámica” que tanto tiempo fue acaparada únicamente por los hombres. El reformismo tan esperado del Islam debe obligatoriamente pasar por este tipo de subversión femenina. Pero hay que insistir sobre el hecho que aquí no estamos hablando de una insurrección feminista tipo occidental. La confrontación no es contra nuestros hermanos en la religión, eso va al opuesto de nuestros príncipes coránicos. Somos iguales frente a Allah, mujeres y hombres, y el mejor de entre nosotros es el mas fiel al espíritu de la revelación coránica. Y justamente ser fiel al espíritu del Corán es ofrecer a las mujeres este enorme campo de libertad de expresión que ellas tenían en los tiempos del profeta (SAS) y que les han usurpado con el tiempo. El camino puede parecer largo pero es incontestablemente el único capaz de dar a las mujeres musulmanas una verdadera emancipación.